Un verdadero amante del rock sabe lo que significa escuchar en vivo “The Wall”, el gran disco doble de Pink Floyd. Es que, en su momento, no fue nada fácil presentar un álbum de estas características, conceptual en todo sentido, tan épico como complejo, repleto de imaginería. Y mucho menos para una banda que disfrutaba montar escenografías colosales en sus conciertos.

La puesta en escena de “The Wall”, como no podía ser de otra manera, parecía excesiva, incluso para un grupo como Pink Floyd, que en esa época era capitaneado por Roger Waters, su bajista, cantante y principal compositor; además de contar con David Gilmour (guitarra y voz), Richard Wright (teclados) y Nick Mason (batería).

La banda hizo una gira realmente corta, entre 1980 y 1981 (el álbum se editó a fines de 1979), en muy pocas ciudades (Nueva York, Los Ángeles, Londres y Dortmund). Se proyectaron animaciones y se construyeron marionetas gigantescas que representaban a los personajes, todo en manos del artista visual Gerald Scarfe, quien por entonces también tenía un rol determinante en la realización de la película. Los integrantes aparecían enmascarados, y luego quedaban tapados por un muro gigantesco que poco a poco se iba levantando, sobre el cual se sucedían las proyecciones y las actuaciones de las marionetas. Así transcurría parte de la historia que narra el disco, hasta que, durante la canción “The Trial”, el muro era demolido.

Pasaron treinta años de todo eso. Y su creador, Roger Waters, que abandonó Pink Floyd en 1985, sabe que es momento de hacerle justicia a “The Wall”. Un nuevo aniversario, entonces, merece un regreso a las tablas, una nueva presentación en vivo, con toda esa parafernalia que tan pocos han visto y de la que tanto se ha hablado.

El paso del tiempo le ha dado a “The Wall” el estatus de clásico. Y para el bajista se trata de una buena oportunidad para retomar una obra que, si bien le dio mucho éxito, le costó bastante abordar. Así lo explica: “Hace treinta años, cuando escribí ‘The Wall’, era un hombre enojado, que fácilmente se ponía a la defensiva. Y era porque estaba asustado y tenía miedo de enfrentarme a este material. Pero con los años me he dado cuenta de que esta historia personal, cargada de miedo y de pérdida, ha sido una alegoría para temas más amplios y universales, temas políticos y sociales, como el nacionalismo, el racismo, el sexismo, la religión… Es realmente por eso que decidí que iba a tratar de reinterpretar esta obra, con todas esas mismas cosas que usamos tantos años atrás”.

El festejo por el aniversario del disco incluso llegó a Broadway. Pero lo más importante, claro, es su regreso a los grandes estadios, donde Waters promete volver a darle vida a uno de los espectáculos más grandiosos en la historia del rock. Y para eso, por supuesto, no dejaron nada librado al azar: el ex Pink Floyd volverá a construir el gran muro mientras toca en vivo con su banda, proyectará animaciones sobre los ladrillos blancos y hará que marionetas gigantes se muevan sobre la multitud. Sus palabras lo confirman: “Volveré a montar aquel gran show. Claro que hoy los sistemas de proyección son completamente diferentes de lo que eran en aquellos días… Ahora podemos proyectar sobre toda la extensión del muro, de casi 77 metros… Y eso no se podía hacer entonces”.

La gira arrancó en 2010 y se extenderá hasta gran parte de 2011. Ya pasaron 35 presentaciones en Norteamérica, con una escala en México (dos fechas de privilegio, el domingo 19 y el martes 21 de diciembre, en el Palacio de los Deportes). Y sigue el año que viene con un largo recorrido por Europa.

Roger Waters regresa con su obra cumbre. Y lo hace como corresponde: un concierto soñado, un espectáculo de rock como pocas veces se ha visto y, por supuesto, una chance única para los amantes del buen rock.

Copyright : VH1LA