Es increíble: ya pasó un año de la muerte de Michael Jackson. Un año sin el Rey del Pop. Y lo más increíble es que, unas semanas atrás, se preparaba para brindar nada menos que cincuenta conciertos en Londres.
No era una serie de conciertos como cualquier otra: era el gran regreso de su carrera, su último gran show. Y por eso, claro, se agotaron las entradas en tiempo récord. Nadie quería quedarse afuera.
Y de pronto, cuando nadie se lo esperaba, falleció. Fue un paro cardíaco, el 25 de junio de 2009, en Los Ángeles. Ensayaba para volver a los escenarios, para volver como se debe, como un grande. El gran retorno de su carrera. Pero murió. Y desde entonces el mundo fue un lugar un tanto más vacío.
El legado del Rey del Pop no se mancha. Decir “siempre imitado, jamás igualado” nunca fue tan obvio. 750 millones de discos vendidos, 65 millones solamente de “Thriller”. Todo eso, claro, le aseguró el trono. Además del moonwalk, lógicamente.
No era una serie de conciertos como cualquier otra: era el gran regreso de su carrera, su último gran show. Y por eso, claro, se agotaron las entradas en tiempo récord. Nadie quería quedarse afuera.
Y de pronto, cuando nadie se lo esperaba, falleció. Fue un paro cardíaco, el 25 de junio de 2009, en Los Ángeles. Ensayaba para volver a los escenarios, para volver como se debe, como un grande. El gran retorno de su carrera. Pero murió. Y desde entonces el mundo fue un lugar un tanto más vacío.
El legado del Rey del Pop no se mancha. Decir “siempre imitado, jamás igualado” nunca fue tan obvio. 750 millones de discos vendidos, 65 millones solamente de “Thriller”. Todo eso, claro, le aseguró el trono. Además del moonwalk, lógicamente.
Michael nació en 1958. Y arrancó su carrera cuando era apenas un niño, en 1964, en la escuela de su ciudad natal, Gary, Indiana. A su lado, por supuesto, estaban los Jackson 5, sus hermanos: Jackie, Tito, Jermaine y Marlon.
En 1971, con tan sólo 13 años, debutó como solista con “Got to Be There”. Y desde entonces, más allá de sus compromisos con los Jackson 5, no se detuvo. Así se sucedieron “Ben” (1972), “Music and Me” (1973) y “Forever, Michael” (1975).
Pero todo cambió cuando conoció a Quincy Jones, productor clave en su carrera. El primer paso fue “Off The Wall” (1979), con 20 millones de copias vendidas. Sólo un anticipo de lo que vendría.
¿Qué vendría? Nada más y nada menos que “Thriller”, lanzado a fines de 1982. Una obra maestra, coproducida por Jones, repleta de hits colosales, casi todos transformados en videos: “Thriller” (un clip lleno de zombies, una coreografía que quedó en la historia, todo hecho con un groove animal), y “Billie Jean” (imposible no bailarlo), y “Beat It” (otra coreográfia memorable, con solo de guitarra de Van Halen). Y no se olviden de “Wanna Be Startin’ Somethin’”. Ni de “The Girls Is Mine”, con Paul McCartney. Qué disco.
Michael, chico tímido, testigo de Jehová con una serpiente de mascota, amigo de Diana Ross (relación de amor platónica), se transforma en una estrella mundial. Al año próximo, ganaría 50 millones de dólares él solito (con ese dinero, compraría gran parte de los derechos de las canciones de los Beatles).
Fue ese mismo año, 1983, en el especial televisivo por los 25 años del sello Motown, cuando patentó su paso de baile: el moonwalk (incluso fue registrado legalmente).
Películas, comerciales, colaboraciones y, en especial, esfuerzo humanitarios (en 1985, se juntó con Lionel Richie para montar la cruzada “USA for Africa”, de la mano del single “We Are the World”).
En 1987, finalmente, lanza su nuevo disco: “Bad”. Le sigue un tour de 123 shows y 4 millones de asistentes. Encima, lo recibe Ronald Reagan en la Casa Blanca. Lanza su primera autobiografía (un best-seller, por supuesto), empieza a cambiar de look (se habla de un problema en la piel) y construye su rancho Neverland. De novias, ni hablar.
En 1991 sale “Dangerous”. Y con este álbum, se produce su primer y único tour por América Latina, estadios llenos, vibrante por donde se lo mire.
Los discos que le siguen, como “History” (1995), o “Invincible” (2001), carecerían de brillo, no musicalmente, sino de ventas. Pero era Michael aún. Se casaría con Lisa Marie Presley, y luego con la enfermera Debbie Rowe, asistente de su dermatólogo, con la que tuvo tres hijos.
Estaba en eso del retorno, antes de morir. Retorna de todas maneras. Fue el 25 de junio de 2009. Todo comenzó al mediodía, cuando el 911 recibió una llamada desde una residencia en Los Ángeles: Michael Jackson había sufrido un infarto masivo. Inmediatamente, fue trasladado al UCLA Medical Center. Al llegar, carecía de pulso y no estaba respirando. Los desesperados intentos por reanimarlo fueron en vano: el Rey del Pop fue declarado muerto poco después de su ingreso.
La noticia paralizó a todo el mundo. Apenas empezaron a circular los primeros rumores, el tráfico en Internet se multiplicó enormemente, colapsando la red de redes por varias horas. Dado el halo de misterio que envolvió el caso, la especulación no se hizo esperar. ¿Accidente? ¿O asesinato? La autopsia reveló que en el cuerpo de Jackson habían varios medicamentos, cuya combinación desembocó en una sobredosis fatal.
De acuerdo con la justicia norteamericana, se trató de un homicidio. Y es por eso que, actualmente, el Dr. Conrad Murray, médico de cabecera del astro, está siendo investigado por su implicancia en el hecho.
Poco después, el 7 de julio de 2009, Michael tuvo su conmovedora despedida en el Staples Center de Los Ángeles. Miles de personas se acercaron a darle un último adiós, mientras otros millones lo hicieron a través de sus pantallas.
Michael Jackson. 1959-2009. Se fue demasiado pronto. Nunca será olvidado.
En 1971, con tan sólo 13 años, debutó como solista con “Got to Be There”. Y desde entonces, más allá de sus compromisos con los Jackson 5, no se detuvo. Así se sucedieron “Ben” (1972), “Music and Me” (1973) y “Forever, Michael” (1975).
Pero todo cambió cuando conoció a Quincy Jones, productor clave en su carrera. El primer paso fue “Off The Wall” (1979), con 20 millones de copias vendidas. Sólo un anticipo de lo que vendría.
¿Qué vendría? Nada más y nada menos que “Thriller”, lanzado a fines de 1982. Una obra maestra, coproducida por Jones, repleta de hits colosales, casi todos transformados en videos: “Thriller” (un clip lleno de zombies, una coreografía que quedó en la historia, todo hecho con un groove animal), y “Billie Jean” (imposible no bailarlo), y “Beat It” (otra coreográfia memorable, con solo de guitarra de Van Halen). Y no se olviden de “Wanna Be Startin’ Somethin’”. Ni de “The Girls Is Mine”, con Paul McCartney. Qué disco.
Michael, chico tímido, testigo de Jehová con una serpiente de mascota, amigo de Diana Ross (relación de amor platónica), se transforma en una estrella mundial. Al año próximo, ganaría 50 millones de dólares él solito (con ese dinero, compraría gran parte de los derechos de las canciones de los Beatles).
Fue ese mismo año, 1983, en el especial televisivo por los 25 años del sello Motown, cuando patentó su paso de baile: el moonwalk (incluso fue registrado legalmente).
Películas, comerciales, colaboraciones y, en especial, esfuerzo humanitarios (en 1985, se juntó con Lionel Richie para montar la cruzada “USA for Africa”, de la mano del single “We Are the World”).
En 1987, finalmente, lanza su nuevo disco: “Bad”. Le sigue un tour de 123 shows y 4 millones de asistentes. Encima, lo recibe Ronald Reagan en la Casa Blanca. Lanza su primera autobiografía (un best-seller, por supuesto), empieza a cambiar de look (se habla de un problema en la piel) y construye su rancho Neverland. De novias, ni hablar.
En 1991 sale “Dangerous”. Y con este álbum, se produce su primer y único tour por América Latina, estadios llenos, vibrante por donde se lo mire.
Los discos que le siguen, como “History” (1995), o “Invincible” (2001), carecerían de brillo, no musicalmente, sino de ventas. Pero era Michael aún. Se casaría con Lisa Marie Presley, y luego con la enfermera Debbie Rowe, asistente de su dermatólogo, con la que tuvo tres hijos.
Estaba en eso del retorno, antes de morir. Retorna de todas maneras. Fue el 25 de junio de 2009. Todo comenzó al mediodía, cuando el 911 recibió una llamada desde una residencia en Los Ángeles: Michael Jackson había sufrido un infarto masivo. Inmediatamente, fue trasladado al UCLA Medical Center. Al llegar, carecía de pulso y no estaba respirando. Los desesperados intentos por reanimarlo fueron en vano: el Rey del Pop fue declarado muerto poco después de su ingreso.
La noticia paralizó a todo el mundo. Apenas empezaron a circular los primeros rumores, el tráfico en Internet se multiplicó enormemente, colapsando la red de redes por varias horas. Dado el halo de misterio que envolvió el caso, la especulación no se hizo esperar. ¿Accidente? ¿O asesinato? La autopsia reveló que en el cuerpo de Jackson habían varios medicamentos, cuya combinación desembocó en una sobredosis fatal.
De acuerdo con la justicia norteamericana, se trató de un homicidio. Y es por eso que, actualmente, el Dr. Conrad Murray, médico de cabecera del astro, está siendo investigado por su implicancia en el hecho.
Poco después, el 7 de julio de 2009, Michael tuvo su conmovedora despedida en el Staples Center de Los Ángeles. Miles de personas se acercaron a darle un último adiós, mientras otros millones lo hicieron a través de sus pantallas.
Michael Jackson. 1959-2009. Se fue demasiado pronto. Nunca será olvidado.
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